El extenso barrio chino de San Francisco ocupa nada menos que 24 manzanas, mide aproximadamente media milla de norte a sur y un cuarto de milla de este a oeste, y forma parte del ajetreado barrio del Downtown. También es el barrio chino más antiguo de Norteamérica, pues se estableció aquí en 1848, cuando dejó boquiabiertos a los occidentales con aquel primer sabor de empanadillas chinas aromáticas que les cambió la vida.
Hay más que suficiente que ver y hacer en las legendarias calles y callejones de este enclave histórico para llenar un día entero, lo que te permitirá empaparte de la atmósfera única y vivir un poco del San Francisco de antes. ¿A qué esperas? Atraviesa la Dragon Gate y acompáñanos en nuestro paseo por lo mejor que hacer en el barrio chino de San Francisco.
Entra en el dragón

El barrio chino tiene dos caras diferenciadas: la turística y la que no lo es. Pero eres turista, ¿verdad? Así que parece el lugar lógico por donde empezar. De las dos arterias principales que recorren el barrio chino de norte a sur, Grant Street es la que buscas; concretamente la fotografiadísima Dragon Gate, la imponente entrada sur con sus tres puertas de estilo tradicional pailou y su par de temibles leones chinos. Espera tu turno para el selfi imprescindible en el barrio chino antes de cruzarla para comenzar tu aventura china propiamente dicha.
Inmediatamente te sentirás transportado a un mundo diferente, un mundo donde los farolillos de papel rojos y dorados se balancean sobre tu cabeza, las farolas ornamentadas bordean las aceras y los aromas embriagadores de las gambas de Szechuan chisporroteando y el pato asado hoisin (¡más tarde hablaremos de la comida, aficionados al picoteo!) llenan el aire. Disfrútalo mientras paseas por Grant Avenue, cámara en mano, hasta la intersección de Grant y California. Aquí, entre el estruendo y el traqueteo de los icónicos tranvías de San Francisco, es donde encontrarás las otras estructuras más fotografiadas del barrio chino: Sing Chong y Sing Fat, un par de imponentes edificios estilo pagoda enfrentados al otro lado de la calle, y la iglesia de Old St Mary, que luce una ominosa advertencia en mayúsculas bajo su gran reloj: "HIJO, OBSERVA EL TIEMPO Y HUYE DEL MAL".
Avenidas y callejones

Pero la verdadera magia ocurre cuando te sales de la calle principal y empiezas a explorar el otro lado del barrio chino. Incluso la segunda gran arteria, Stockton Street, tiene un aire más auténtico. Así que, una vez que hayas comprado tus recuerdos (el gato de la suerte que saluda, un farolillo de papel, un rascador de espalda de bambú) en las tiendas de regalos de Grant, dirígete a los coloridos mercados de Stockton para probar el sabor real de China. Y lo decimos literalmente: los mercados de productos frescos venden de todo, desde fruta deshidratada hasta cangrejos vivos y grandes manojos de bok choy.
Piérdete por las calles laterales y los callejones y descubrirás todo un mundo de cultura china. Imagina minúsculos salones de mah jong, ropa tendida de ventana a ventana en tendederos improvisados sobre la calle, panaderías repletas de tartas de crema de huevo y dónuts chinos, y bonitas tiendas tradicionales que venden todo tipo de aperitivos, baratijas y esotéricas chinoiseries.
¡Quiero galletas!
Descubre lo que te depara el futuro en la diminuta Golden Gate Fortune Cookie Factory, en Ross Alley. Aquí puedes ver al experto equipo de las galletas en acción mientras montan miles de estos crujientes dulces de la fortuna a mano cada día. Se permite hacer fotos por una pequeña tarifa y puedes comprar bolsas de galletas de varios sabores para llevar. Elige el té verde para una autenticidad máxima o el baño de chocolate para darte el capricho definitivo. Pero ten cuidado: es muy posible que tu cintura se expanda en el futuro.
La cercana Waverly Place albergó en su día dos famosos burdeles. Ahora, lo más colorido del lugar son los edificios: hileras de tiendas y viviendas dignas de Instagram pintadas con un arcoíris de verdes chillones, rosas pastel y amarillos cúrcuma, completadas con elaborados balcones. También es donde encontrarás el Tin How Temple. Fundado allá por 1852, es el templo taoísta más antiguo de Estados Unidos. Los exploradores intrépidos pueden visitarlo localizando el número 125 de Waverly Place y subiendo las escaleras hasta el tercer piso. En el interior, arde el incienso, las velas parpadean en la penumbra, los farolillos de papel flotan sobre las cabezas y decenas de pequeñas estatuas de deidades chinas abarrotan el espacio. Los fieles rezan en silencio y dejan ofrendas de fruta y pan en el altar de Tin How.

Después, da la vuelta a la esquina para hacerte una foto frente a la Old Chinese Telephone Exchange, un edificio de estilo pagoda en rojo, verde y dorado bellamente exagerado en Washington Street, donde ahora trabajan empleados de banca que contemplan con desconcierto el flujo constante de personas que se hacen selfis en su puerta. Luego, sigue hacia Portsmouth Square: este lugar, más bien anodino, es sin embargo el corazón del barrio chino, y es aquí donde puedes detenerte a ver pasar el mundo y observar a los lugareños de edad avanzada entregarse a actividades tradicionales como el taichí y el ajedrez chino.
¡Comida, gloriosa comida!
Confucio dijo: quien viene al barrio chino y no prueba su comida, en realidad no ha estado en el barrio chino. Vale, vale, nos hemos inventado la cita, pero es una verdad universalmente reconocida que el mejor dim sum de Estados Unidos se encuentra en los estrechos callejones de este próspero barrio de San Francisco. ¿Nuestro consejo? ¡Lánzate!

Hay varios puestos de comida para llevar, así como locales (normalmente) diminutos y abarrotados para quienes quieran vivir la experiencia auténtica del barrio chino. Estos son los lugares para disfrutar de experiencias culinarias que te cambiarán la vida, donde podrás hartarte de delicadas gyozas de gambas y cebollino, esponjosas empanadillas de cerdo a la barbacoa y crujientes bolas de sésamo hasta que no puedas más. La comida es tan buena y los precios tan baratos que es muy probable que repitas. Y seguramente una tercera vez. Eso sí, no esperes el nivel de atención de «que tenga un buen día» al que estarás acostumbrado en otros lugares de San Francisco. El servicio aquí suele parecer brusco e impaciente, pero déjate llevar en establecimientos como el City View Restaurant y el Hang Ah Tea Room, un clásico del barrio, y pronto descubrirás que todo forma parte del encanto y que es, sin duda, una de las cosas más divertidas que hacer en el barrio chino de San Francisco.
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